A continuación encontrareis los fragmentos de la obra que se leen durante la ruta literaria.
EN CALLE DE ARIBAU
«Enfilamos la calle de Aribau, donde vivían mis parientes, con sus plátanos llenos aquel octubre de espeso verdor y su silencio vívido de la respiración de mil almas detrás de los balcones apagados. Las ruedas del coche levantaban una estela de ruido, que repercutía en mi cerebro. De improviso sentí crujir y balancearse todo el armatoste. Luego quedó inmóvil.
— Aquí es —dijo el cochero.
Levanté la cabeza hacia la casa frente a la cual estábamos. Filas de balcones se sucedían iguales con su hierro oscuro, guardando el secreto de las viviendas. Los miré y no pude adivinar cuáles serían aquellos a los que en adelante yo me asomaría.»
« Con la mano un poco temblorosa di unas monedas al vigilante y cuando él cerró el portal detrás de mí, con gran temblor de hierro y cristales, comencé a subir muy despacio la escalera, cargada con mi maleta. Todo empezaba a ser extraño a mi imaginación; los estrechos y desgastados escalones de mosaico, iluminados por la luz eléctrica, no tenían cabida en mi recuerdo.»
PLAZA DE LA UNIVERSIDAD
«Mientras yo hablaba con Pons, Ena me saludó con la mano. Luego vino a buscarme atravesando los grupos bulliciosos que esperaban en el patio de Letras la hora de clase. Cuando llegó a mi lado tenía las mejillas encarnadas y parecía de un humos excelente...(...) Me gustaba pasear con ella por los claustros de piedra de la Universidad y escuchar su charla pensando en que algún día yo habría de contarle aquella vida oscura de mi casa, que en el momento en que pasaba a ser tema de discusión, empezaba a aparecer ante mis ojos cargada de romanticismo.»
« Llegamos a la plaza de la Universidad cuando el reloj del edificio daba las doce y media. Juan cruzó la plaza y se quedó parado enfrente de la esquina donde desembocaba la Ronda de San Antonio y donde comenzaba, oscura, la calle Tallers.»
VÍA LAYETANA
«Me detuve en medio de la Vía Layetana y miré hacia el alto edificio en cuyo último piso vivía mi amiga… (…) Con su suave declive desde la plaza de Urquinaona, donde el cielo se deslustraba con el color rojo de la luz artificial, hasta el gran edificio de Correos y el puerto, bañado en sombras, argentado por la luz estelar sobre las llamas blancas de los faroles, aumentaba mi perplejidad. (…) La Vía Layetana, tan ancha, grande y nueva, cruzaba el corazón del barrio viejo. Entonces supe lo que deseaba: quería ver la Catedral envuelta en el encanto y el misterio de la noche…»
CALLE MONTCADA
«Entramos por un portalón ancho donde campeaba un escudo de piedra. En el patio, un caballo comía tranquilamente, uncido a un carro, y picoteaban gallinas produciendo una impresión de paz. De allí partía la señorial y ruinosa escalera de piedra, que subimos. En el último piso, Pons llamó tirando de una cuerdecita que colgaba en la puerta. (...)Le seguimos, atravesando un largo dédalo de habitaciones destartaladas y completamente vacías, hasta el cuarto donde Guíxols tenía su estudio. Un cuarto grande, lleno de luz, varios muebles enfundados un gran canapé y una mesita donde, en un vaso -como un ramo de flores-, habían colocado un manojo de pinceles.Por todos lados se veían las obras de Guíxols: en los caballetes en la pared, arrimadoas a los muebles o en el suelo...»
BASÍLICA DE SANTA MARÍA
— ¿Conoces la iglesia de Santa María del Mar? —me dijo Pons.
— No.
— Vamos a entrar un momento si quieres. La ponen como ejemplo del puro gótico catalán. A mí me parece una maravilla. Cuando la guerra, la quemaron…
Santa María del Mar apareció a mis ojos adornada de un singular encanto, con sus peculiares torres y su pequeña plaza, amazacotada de casas viejas, enfrente.
«La nave resultaba grande y fresca y rezaban en ella unas cuantas beatas. Levanté los ojos y vi los vitrales rotos de las ventanas,entre las piedras que habían ennegrecido las llamas.»
CATEDRAL DE SANTA CREU
«... Al llegar al ábside de la Catedral me fijé en el baile de luces que hacían los faroles contra sus mil rincones, volviéndolos románticos y tenebrosos.»
«... Al llegar al ábside de la Catedral me fijé en el baile de luces que hacían los faroles contra sus mil rincones, volviéndolos románticos y tenebrosos.»
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